20 de agosto de 2011 en el Estadio Corona, se juega el minuto 40 del partido correspondiente a la jornada 6 de la liga mexicana en Torreón, entre el local Santos Laguna y el visitante Morelia, marcador de 0-0 en un partido en el que no pasa nada. De pronto se empiezan a escuchar ruidos estrepitosos que confunden a los asistentes que se comienzan a mirar unos con otros sin saber qué es lo que pasa, la gente confundida comienza a tirarse al suelo para protegerse no saben de qué, otros corren sin saber a dónde. El arquero de Morelia, Federico Vilar, reacciona rápidamente y decide emprender la huída hacia los vestidores, los demás jugadores lo siguen por instinto, se siguen escuchando las que parecen ser detonaciones de armas de fuego, comienzan los gritos, la gente entra al campo, unos entran en pánico, otros toman fotos, reina la confusión. Cesan los disparos, la gente sigue sin saber qué es lo que pasa, los jugadores suben a las tribunas a buscar a sus familias, el árbitro oficializa que se suspende el partido. Empiezan a surgir las primeras versiones de lo que pasó, empieza a darse a conocer el hecho a través de los medios, las familias en el estadio empiezan a asimilar lo sucedido, sigue la confusión. Al parecer, todo fue un enfrentamiento entre policías federales y un grupo armado que se trasladaba por la carretera de Torreón que va hacia San Pedro y que queda a espaldas del Territorio Santos Modelo donde se desarrollaba el partido. El saldo final es un partido suspendido, daños materiales en el estadio debido a las balas perdidas, ningún herido y un episodio lamentable para el fútbol que refleja la dura realidad que vive México.
20 de agosto de 2011 en el Estadio El Campín de Bogotá, se juega el minuto 12 del partido correspondiente al tercer y cuarto lugar del mundial sub-20 en Colombia entre México y Francia con marcador de 1-0 a favor de los franceses. El habilidoso Ulises Dávila saca un disparo que se le cuela entre las piernas a Johnatan Ligali y se empata el marcador, los mexicanos lo felicitan después de que el medio dibuja un corazón con las manos. Minuto 48 el balón de bronce de la competencia, Jorge Enríquez, remata un balón con destino de gol que procedía de dos cabezazos aztecas dentro del área francesa, la celebración es grande cuando el mexicano corre a abrazar al banquillo tricolor. Minuto 72, tiro de esquina por izquierda enviado por Ulises Dávila que Edson Rivera conecta de cabeza y envía al fondo del arco francés, los mexicanos no pueden ocultar la alegría de tener prácticamente el tercer lugar en sus manos. Los franceses se van con todo al frente, México se defiende bien, se decreta el final del partido, los mexicanos vuelven a correr para abrazarse, gritan, lloran, se han convertido en el tercer lugar del mundial por primera vez en su historia. Demostrando mucho orden, calidad técnica y talento individual, México cierra una buena participación en el mundial y un gran año si tomamos en cuenta el título de la Copa de Oro y el del campeonato mundial sub-17 conseguido como locales. Empieza a difundirse la noticia en el país, los aficionados empiezan a asimilar lo sucedido y siguen los festejos. El saldo final es un tercer lugar histórico en el mundial, jugadores jóvenes en la mira de equipos europeos, un balón de bronce y un episodio memorable para el fútbol mexicano que refleja el buen presente que vive futbolísticamente el país.





